variaciones:
el andén último
un coro de gallos al final de la calle
la ausencia de lo querible
la camisa a cuadros tendida al sol
migas de pan
puestas excusas a lo largo del comedor
el deseo de habitar otra parte
menos humana por decirlo así tan natural
entre semana la escena
es la del padre y el hijo y el hijo más pequeño
frente a sus computadoras abiertas
comparten los alimentos
sin mirarse
sandwiches de jamón serrano, panquecitos de naranja;
entre sus pies los conectores serpientes blancas y delgadas
encuentran su elemento
el hábito de no mirar más allá de la sombra del vestido
hace calor en los trópicos
el aleteo de mosquitos es invisible
un mar que se presiente al momento de la herida
luego la hinchazón de la piel
islitas en los brazos y piernas
quisiera decir Padre he llegado
he visto
he sentido
no quise conquistar nada
Padre he tenido hombres como se tienen sueños
no quise conquistar nada
estoy aquí
sin estar en ninguna parte
no duele
salir después que baje el sol, no antes
no antes
porque el sol es plomo
y pesa en los hombros enrojecidos
como si fuese el mundo
me dejo llevar, el calor me conduce
me hago pequeña en la voluntad de agua
sumerjo primero los pies
el mar está revuelto y trae hojas y tronquitos que no son de aquí cerca
¿extrañarán allá ellos sus árboles deshechos
su bosque desvanecido
en el lodo de este mar que revienta?
¿ellos allá
echarán de menos el acontecer de vida
los manglares
la sombra?
la playa espera
las huellas que se traga
vuelve a estar lisa en su rostro de arena
vuelve a empezar
un pizarrón nuevo
donde el día comienza
quisiera decir Padre mírame, no traigo deuda alguna,
soy la de siempre,
la que recuerdas
sin heridas grandes ni lentas
soy la que es
se esparce
no hay envanecimientos
abajo del agua se respira de otra manera
menos humana por decirlo así