Terça-feira, Julho 14

Una manera de sentir que a uno lo habitan tantos otros que luego olvidamos quién empezó las invasiones.

Domingo, Julho 12

el silencio era amante sin ojos.
y yo tocaba tu cuerpo con el último sentido: que luchó hasta rendirse.
fulminándose
puesta de sol
al nombrarte te toco
y al mirarte
de hinojos
podría jurar que tengo el sabor de tu entraña
el caracol izquierdo de tu cara
el triángulo amoroso de tu sexo
este sabor que arde sin muerte próxima
este sabor que deja un cierto almíbar al tacto que luchó hasta rendirse.

Sexta-feira, Julho 10

De pronto los vivos respiramos sobre las piedras ardientes de ciudades que ya no existen.
Hay algo de penumbra en pensar que nuestra cuidad será la piedra explorada por alguien más y nosotros, nosotros, no estaremos ahí.
supongamos que hay una ciudad mejor que ésta.
un clima mejor que éste.
habitantes menos atropellados.
por supuesto que sí.
¿entonces?
qué hacemos aquí.
nos queda desgajar la sensación térmica, apostar si lloverá a las cinco o a las seis,
gastar las aceras que penden como manos abiertas porque los árboles no resisten los corsés de concreto.
a unas diez o doce calles de mi casa hay un árbol que cruje.
y la gente que pasa puede ser de cualquier lado.
¿no será pues que una ciudad es como todas?
que tenemos para distinguirlas el número de cafés al aire libre y el toque de queda de los bares, la música de las cantinas y el humor religioso de sus mujeres.
además este lugar está lleno de iglesias. no hay fieles pero hay iglesias que son museos y lugares de ventas.
para ser un lugar tan estancado a mitad de un valle, yo voy encontrando más de un hombre a quién decirle que es el único de mi corazón.
mi corazón estas últimas semanas se guarda en una cajita de vidrio hecho en China.
pero tiene este mohín que sólo podremos comparar con el trapeador de las estaciones del metro.
mi corazón es un anfibio con problemas para evolucionar.
y esta ciudad lo aplasta en su violencia católica, de buenas intenciones como las que llenan los caminos de los panteones.

Quinta-feira, Julho 9

La noche terca duerme el sueño inquieto, boca abajo y desnuda.
Tuve que venir corriendo a casa, abrir las cinco puertas y tirarme a la cama porque no me quisiste curar de mí.
La noche amansa a los borrachos vehementes.
Dos poetas en la mesa deberían ser suficientes pero
el mundo
el mundo
cierra el párpado enmohecido y circular
y los poetas se van a dormir solos
y yo
me voy a dormir sola.
noches que pesan y no hay deseos de comprensión,
sólo estas ganas malditas ganas
de arrojarse a la boca de alguien,
y sentir de alguna manera que es en el cuerpo de alguien cuando hallamos el único sentido,
cuando no estamos solos una noche no estamos solos y respiramos el aliento de alguien
que afirma
estamos aquí
y la piel es toda nuestra.

Michael Jackson

Estaba por salir de tu departamento, nos poníamos la ropa y tenías ese tono amoroso de después del sexo, reconciliador diría.
Me dijiste que acababa de morir Michael Jackson.
Recordé entonces.
Regresábamos de la escuela, mi padre se esperó hasta estacionar el Ford y sacó de la cajuela el long play como si fuera cualquier cosa. Ya todos lo tenían. El hombre negro vestido de negro con el pelo erizado: igualito que en el video donde los muertos salen de sus tumbas y bailan una coreografía llena de vida.
La mejor resurrección la hizo este hombre.
Los demonios flamantes ahondaban en él.
Mi hermano se echó al suelo a limpiar el piso con su ropa, bailando como rehilete, poseso.Yo no aprendí a bailar pero me esforcé con esa música de fondo. Mi cuerpo envuelto en la torpeza que no me dejaría. Todavía rompo vasos y platos y evito estar en cristalerías.
Al ídolo lo acosaron los zombies y sus invenciones aterciopeladas.
No vivió una vida discreta.
Muerto dormirá con niños y abrazará el sueño inventado de Disney, más personal, antierotizado.
Su mano tiene un guante blanco alejándose del mundo fantasmal de afuera.
Pides el taxi y me miras por primera vez queriendo verme.
Me miras con sospecha cuando me quedo callada.
El elevador baja tres pisos.
Me recibe la luz de la calle y yo llevo en mí el olor de tu piel y la noticia marcada.

Quarta-feira, Julho 8

Abrasador fue el tiempo del ansia.
En el estómago el incendio.
Y en el pecho una explosión que tumba las paredes y no permite escuchar nada más en el perímetro.
Todos salen a ver, a contar las miserias expuestas,
el recuento de los muebles calcinados.
Nadie se salva cuando llega el ansia.
No hay bálsamos ni aguas que calmen, a menos,
a menos,
que vengan los besos del amado y en un acto de piedad cristiana
-si no de amor correspondido-
salven al dueño de la casa.